Desde antes de la fundación del mundo, el Padre escogió a un pueblo para sí mismo. A éstos dio al Hijo, para ser su esposa. Ella es la iglesia de Cristo, separada para Él, pero en comunión con Él, incluso desde el principio de los tiempos. Él es su fundamento, Él cuida de ella, y Él la hace crecer hasta la madurez, en un hombre perfecto (Ef. 4:11-13), uno lleno de toda la plenitud de Dios. En la actualidad la iglesia parece estar en problemas, en peligro, en fracaso y pecado, pero incluso ahora la gloria de la iglesia brilla. Su plena gloria sólo se verá cuando Cristo venga de nuevo a tomarla públicamente como su esposa.